domingo 27 de septiembre de 2009



Era una alegre mañana, algo calurosa, pero lo suficientemente cómoda para caminar. Es inexplicable el placer que la mayoría de las mujeres occidentales sienten por el ir de compras. Es casi tan excitante como la idea de promesa de sexo que experimentan los hombres. En este lado del mundo capitalista, y en períodos de crisis económicas internacionales, la sensación mágica de enriquecer el guardarropas otorga una sensación de poder y superioridad, que algunas mujeres viven casi como placer orgásmico.
Isabel Frontini era una de esas mujeres.
Caminaba lentamente, ojeando cada vidriera, cada color con sensaciones mágicas, de además saber ver a través de gamas y marcas. Era todo un idioma que no todas sabían utilizar. Cada boutique encerraba un mensaje y sus prendas una posibilidad de ofrecer la compra adecuada o no.
Estaban las otras tiendas, aquellas a las que simplemente por su nombre, requerían ser visitadas e indudablemente adquirir algo en las mismas.
En los enormes vidrios algunos biselados, se reflejaba su imagen y la misma se introducía o no, para amalgamarse con el estilo que le daba a Isabel su innegable título de Sra. Fina, elegante, distinguida y actual.
Esa mañana, como tantas otras, recorría el shopping con dedicación y concentración, buscando unos pares de zapatos como excusa y a la vez tratando de descubrir algún otro tesoro oculto. Mientras lo hacía una sensación extraña la recorría…Había estado con Katy y la notó esquiva, como si quisiese ocultarle alguna cosa. La había invitado a tomar un capuchino y conversar, pero esta puso una excusa cualquiera. Katy no era normalmente así. De pronto temió que su amiga la evitase sin entender la razón, y se sintió mal. Casi un mareo la hizo recostarse a uno de los sillones del shopping, y se dijo que sin duda no era nada, que debería seguir con lo que había venido a hacer.
Con Katy eran amigas desde la época liceal. En una ciudad del interior de un país pequeño, las jóvenes suelen salir a divertirse, en confiterías o bailables, y allí van gestando una especie de complicidad, a veces muy ajena a lo que realmente las individualiza a cada una. Son amigas de estudio, del barrio, de los lugares que frecuentan. Sus conversaciones giran alrededor del entorno que comparten y crean lazos afectivos, aunque con los años se distancien en opciones y núcleos. Así había sido con Katy, quién tenía familiares en Argentina, donde vivió algunos años. Allí contrajo matrimonio, pero luego su esposo padeció una leucemia fatal, dejándola viuda con una hija. Katy volvió a su ciudad, donde educó a su niña, hasta el momento que ésta partió a la capital para continuar sus estudios.
Katy era una buena amiga, pero intimaban apenas lo concerniente a banalidades, como quien quiere conservar en esa actitud un libro especial de su infancia. Generalmente trataban los mismos temas y evitaban ambas profundizar en los sentimientos y vivencias de cada una. Preferían una amistad no muy comprometida que principalmente les otorgaba la posibilidad de interactuar en el mismo local social.
Una chica ofreciendo una fragancia nueva de Lancome la distrajo.
De pronto, unas sandalias rojas, altas, con la mitad del taco plateado, hicieron que se volviese a concentrar.
¡Que sucedería con Katy por dios!?. Desde que su prima viniese de la Argentina y se instalara en su casa estaba evidentemente distante. Mario ya ni quería que las fuésemos a visitar-pensó-, pues el clima estaba tirante y extraño.
Ya sé, se dijo, voy a dejarme de tonterías, no puedo echar a perder una mañana maravillosa de compras…voy a mandar un mensaje a Katy invitándola a cenar esta noche en casa. Mario no tendrá `problemas, y yo veré que está pasando...OH por Dios esa blusa de seda negra…que maravilla!!!! Ya está, debo continuar mis compras, se ordenó, mientras entraba en el local percibido.
La blusa era una de esas maravillas que logran convertir mujeres comunes en artistas, y además cumplía el requisito impostergable para su adquisición de ser una oferta increíble, quien sabe por que estrategia del comerciante.
Comenzó a vibrar su estomago con esa sensación de casi terror de que al entrar al probador, la magia desapareciese. Pero no, la suerte o la gracia divina estaba a su lado y una vez más había sido muy fructífera su visita al shopping…A no ser por Katy, claro….Decidió volver a sacar esa preocupación de su cabeza y busco el mejor rincón donde completar su tarde con un capuchino y una torta de chocolate. El Sr de la mesa de al lado la miró insinuante…Isabel debió cambiarse de lugar. ¿Acaso no se leía en su cara que era una mujer madura felizmente casada con el hombre de su vida? Mario había sido su primer y único hombre y la lealtad y fidelidad uno de sus valores mas preciados.
No debo enojarme, se dijo, debería sentirme contenta de que aún a los 40 logro arrancar miradas masculinas. No me afecta, ese hecho no significa que yo retribuya de ningún modo el galanteo…En fin, tenía los zapatos que había venido a buscar, la joya de la blusa negra y la exquisita torta de chocolate…¿Porque no pedí un Mazini-pensó? No sé tal vez porque Mario prefiere el chocolate y me acostumbré…Mario…El celular. Escribió: Estoy llegando .Bs .Necesito opinión. Quiero invitar Katy esta noche.
No demoró un segundo y recibió respuesta: Te espero No hagas nada sin que conversemos. Quiero cenar solas contigo.
Nuevamente el misterio…pero, ¿acaso una casi segura tontería estropearía la tarde de compras de Isabel? ¿De que podría tratarse? Sin duda ese repentino mal genio de Katy quien sabe por qué y del qué Mario quería protegerla…Solo eso. Decididamente no cambiaria su estado de ánimo. No después de llevar consigo la maravillosa blusa de seda negra.
Salió rumbo al estacionamiento feliz.
Mario la esperaba.
Cuando apagó el coche ojeo a su costado y se sintió muy bien, sus zapatos nuevos y su blusa inesperada la llenaban de satisfacción.
La cena estaría seguramente preparada. Contaba con el auxilio de su empleada doméstica, la que era un lujo solo permitido a la clase media alta. Pero ella sabia que lo merecía pues trabajaba muchas horas. Cuando recién se casara debió cumplir ambas tareas pues nunca creyó que Mario tuviese obligación alguna con los deberes del hogar: siempre se supo que los hombres no estaban para eso. Tampoco era una injusticia que ella trabajase doble, sino un privilegio, el de poder satisfacer en gustos y caprichos a su amado. Hoy era otra realidad, había aumentado muchísimo su responsabilidad laboral, podía pagar esa comodidad, su edad no era la misma, y estaba aprendiendo a no sentir culpa de darse el gusto de contar con ayuda en la casa.
Para su sorpresa, el panorama era otro. Mario había comprado comida china, dispensado a la muchacha, y la esperaba a solas.
-Mi cielo, quiero disfrutar contigo esta noche, recuerda que mañana deberé ausentarme por unos días
- OH, no, como siempre,¡¡¡ mi mente olvida lo que le molesta.!!!
-Son solo unos días…
-Si; ¿pero que impide que te acompañe?? Lucía dijo que podía quedar en mi lugar…yo creí que ya estaba solucionada mi ida.
-Mi amor, ambos sabemos que el trabajo es sagrado, el tuyo y el mío, yo voy solo a trabajar, y tu debes hacer lo mismo…Y ahora mira lo que compré, disfrutemos verdaderamente esta noche, ¿quieres? Será difícil estar sin ti. Quiero saborearte tanto como a este plato.
-Jajajaja siempre conquistador, siempre comprador…está bien, me las arreglaré sin duda. Tienes razón hoy es hoy y nos espera una noche maravillosa, ¿cierto??
-Más que eso mi cielo, más que eso, mi mujercita de siempre.
Isabel estaba feliz, tenía un buen casamiento a pesar de no haber tenido niños, nunca se interesó en saber porque, pero su matrimonio, a pesar de lo que se pudiese imaginar por el hecho de no haberla convertido en mamá, era igualmente una bendición.
Isabel era una mujer feliz
A veces navegaba por tierras mojadas, se adentraba en túneles oscuros y dudaba. Veía arañas, lagartijas, velas de barcos ahuecados, y temía. Pero eran instantes oníricos. Sueños malévolos que la devolvían a la imagen de porque habiendo tanta miseria en el cosmos, tanta cruel maldad, ella sería premiada toda su vida. No se creía no merecedora, al contrario, si la naturaleza recibía gratis sus maravillosas vestimentas, ¿que razón habría para creerse no justificada su buenaventura? Ninguna, sin duda, ninguna.
-Mi amor,¿ cenamos?- la sacó Mario de sus cavilaciones.
-Tienes que prometerme que me llamaras todas las veces que puedas…
-Claro, lo haré, y no solo te traeré algún recuerdito sino que buscaré registrar los lugares que más me impacten para compartirlos y disfrutarlos contigo a la vuelta… ¿Que piensa hacer la señora en esos días de mi ausencia, en sus horas vagas?
-No sé, en realidad tengo una única meta, tratar de reunirme con Katy y ver que esta pasando con ella, anda sumamente extraña. Delia no la nota diferente, posiblemente yo hubiese sido descortés en algo sin darme cuenta...Debo aclarar eso…no me gusta perder amigas de siempre y que aprecio sinceramente.
-No, mi cielo, no creo que sea oportuno. Tu no le has hecho nada y lo sabes, déjala tranquila, ya se le pasara, no agregues preocupaciones a las que ya te otorga el trabajo. Es ella que te debe una disculpa por su comportamiento…Prométeme que no la buscarás y durante esos días que yo no esté, disfrutarás placeres personales y no enfrentarás preocupaciones que yo no pueda compartir y aliviar.
Mario era un encanto de marido…no habían dudas….y esa comida china que ella adoraba, a la espera en la mesita ratona del living…
-Esta, bien mi amor, solo quiero que no te preocupes por mi, ¿vamos a cenar quieres? Es nuestra última noche de un par de noches…Es nuestro deber disfrutarla al máximo. A propósito amor, déjame tomar una ducha, quiero mostrarte la blusa de seda negra que hoy compre…estoy segura que te gustará.
­-Me fascina tu buen gusto, estoy seguro que realza tu elegancia y distinción. Me preparo un whisky y te espero.
-Y a mi me maravilla tener un esposo que, a pesar de los años, convierta a su mujercita en una convencida de sus atractivos, segura del amor que nos unió tiempo atrás y diariamente renueva mi felicidad. Dame un beso, cielo, te quiero...

1 comentarios:

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